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Lejos de ser "salvajes sin religión, perezosos y sucios", como afirmaron los colonizadores europeos, los indios poseían una rica cultura, plena de expresiones artísticas, mitos y tradiciones. A la llegada de los españoles a Sudamérica, en 1530, lo que hoy es la Argentina contaba con 30 grupos étnicos y alrededor de 500.000 habitantes. El choque cultural sorprendió tanto a españoles como a indios, y el avance colonizador no tuvo piedad con el aborigen. Pese a algunos esfuerzos aislados, los indios fueron poco menos que exterminados. Quedaron convertidos en patéticas minorías, vencidas y en la más completa miseria. Hacia fines de 1800, las autoridades de la Confederación Argentina comenzaron a interesarse por los misterios del Gran Chaco, más por necesidades políticas que por vocación colonizadora. Hoy, desde una visión más integradora, los indígenas intentan vivir como genuinos argentinos, manteniendo su cultura. En el Chaco, la comunidad aborigen tiene alrededor de 50.000 habitantes, cinco de cada cien del millón que tiene la provincia. Las tres etnias bien diferenciadas son la toba, wichí (mataco) y mocoví. Los tobas La nación toba es el grupo indígena más numeroso en la actualidad. Pertenece al grupo lingüístico guaycurú y se encuentran también en Formosa, norte de Santa Fe y Salta y algunas comunidades en el Paraguay. Por migración, hay asentamientos en Buenos Aires, Rosario y Santa Fe. La mayoría vive en el monte, sin ser propietarios de las tierras que ocupan, salvo unos pocos que tienen títulos; pero ya no es el monte rico y sin límites de la antigüedad. Otros viven en barrios suburbanos de Sáenz Peña, Gran Resistencia, Castelli, Las Palmas, Machagai, General San Martín, Miraflores, Olla Quebrada, Pampa del Indio y Formosa. En el Chaco, han recuperado en los últimos años unas 200.000 hectáreas, si se incluyen las 150.000 del interfluvio Teuco - Bermejito, que están en proceso de entrega y existen unas 300.000 en reserva. Constituyen comunidades rurales o urbanas con sus líderes tradicionales o comisiones vecinales, asociaciones comunitarias, cuyos miembros son elegidos por la comunidad. Participan, junto con pequeños agricultores en la Unión de Pequeños Productores Chaqueños (UNPEPROCH). En tres de las provincias donde viven hay leyes aborígenes sancionadas: Chaco, Formosa y Salta. Su economía es de pobreza y marginación. Cultivan pequeñas parcelas, son peones temporarios en chacras, obrajes, aserraderos, hornos de ladrillos y carbón; o empleados municipales en los pueblos, con un alto porcentaje de desocupación. Ocasionalmente cazan, pescan y recolectan frutos y miel silvestre. En la década del 20, en pleno siglo XX, sufrieron una definitiva derrota en Napalpí, recordada como una cruel matanza. Desde entonces, viven en dependencia política y económica de la sociedad dominante. Sin embargo, en los últimos tiempos, han logrado recobrar el sentido de ser indio y con esto la fuerza necesaria para luchar por sus derechos. Hablan su lengua, hacen artesanías de barro, de palo santo, tejidos de fibras vegetales, conservan algunos bailes y cantos y suelen acudir al pio´oxonaq (especie de sacerdote curador) para ser curados.
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