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prendían entonces fuego al lugar, formando así un anillo de
muerte que sólo quedaba sin cerrar por un solo lado -espacio
muy estrecho por cierto, de escasos centímetros, como para
dar salida a un solo animal-. Cuando los animales encerrados,
acosados por las lenguas de fuego buscaban desesperadamente
una escapatoria , encontraban aquella salida preparada ex-profeso,
salida hacia la muerte pues tras ella los esperaban gruesos
garrotes en manos de los fornidos indios. Por lo señalado,
se aprecia que el círculo de fuego suplantó en los usos tobas
al gran círculo humano del sistema "Chacú".
Si bien este método proporcionó sustento a las tribus en los
primeros tiempos de la colonización española, más tarde los
naturales que nos ocupan utilizaron como alimento la carne
del poco ganado que criaban. Acostumbraban fabricar bebidas
fermentadas, para lo cual recurrían a la miel de abejas, algarroba,
maíz o frutas diversas; también conocían el uso del tabaco.
La primitiva vida nómade de los aborígenes tobas les
llevó a construir viviendas desmontables, fáciles de desarmar
y con posibilidades de cómodo traslado: con los toldos de
estera. Para levantar uno de estos toldos, disponíanse en
el suelo, en línea recta, una doble fila de horcones unidos
entre sí mediante ramas tendidas transversalmente; tal armazón
se cubría con esteras de fibras vegetales. Algunos grupos
tobas acostumbraron a levantar en carácter de habitaciones,
pequeñas chozas hechas con ramas clavadas en círculo sobre
el suelo, atadas luego por sus extremidades superiores y cubiertas
finalmente de paja o pequeñas ramas.
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