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En épocas posteriores, la vida toba se tomó totalmente sedentaria;
toldos de estera y chozas de paja, en reunión más o menos
numerosa, constituían una población toba. cuidaban estos indios
de orientar sus chozas de este a oeste, para así ponerse a
cubierto de los calientes vientos del norte o de las frías
ráfagas del sur.
También como defensa a las inclemencias del tiempo, recurrían
los naturales a una sencilla vestimenta. Los hombres usaban
como único vestido mantas tejidas con lana de oveja, teñida
de varios colores; cubrían así la mitad del cuerpo hasta la
altura de las rodillas. A diferencia de sus compañeros, las
mujeres -con idéntica indumentaria- casi siempre estaban cubiertas
con cueros de nutria.
Esta sencilla vestimenta se ve complementada por adornos,
pinturas y tatuajes. Los primeros de factura simple, consisten
en collares hechos con pequeños rectángulos o círculos de
concha; también los tobas solían llevar fajas de lana dibujadas,
a los efectos de sostener la manta. Pinturas en los hombres
y tatuajes en las mujeres eran una constante en casi todos
los individuos; el tema, por lo general idéntico en su escasa
originalidad creadora, se refería a figuras geométricas más
o menos complicadas.
La religión adquiere en la cultura toba una importante significación,
al igual que en los restantes grupos aborígenes americanos.
Ellos creían en la existencia de un espíritu maligno y destructor,
cuya ira era necesario aplacar; a otro espíritu, bueno y protector,
se le rendía culto y veneración: es la visión de la terrible
y eterna lucha entre los dos principios del bien y el mal.
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