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El culto religioso estuvo en manos de hechiceros que no sólo
realizaban su función de intermediarios entre el hombre y
la divinidad; eran también médicos. Curaban a los enfermos
mediante bailes, gritos, cantos, masajes, etc., acompañados
siempre del sonido monótono producido por un recipiente hueco
lleno de pedrezuelas.
Poco se conoce sobre la organización social de estos aborígenes;
sus agrupaciones -más o menos numerosas- tuvieron al frente,
como responsables del núcleo, a jefes o caciques. De gran
influencia durante períodos de guerra, el cacicazgo fue en
las primeras épocas hereditario; más tarde, el honor de ser
cacique pasó a ser fruto de una selección entre los individuos
más hábiles y valerosos.
Si las noticias sobre la vida social de los tobas son relativamente
escasas; podemos hacer algunas indicaciones de interés sobre
costumbres concretas de estas tribus, como el matrimonio y
los ritos funerarios.
El matrimonio era realizado mediante la compra -por parte
del pretendiente- de la mujer deseada; al propio tiempo, el
futuro esposo debía demostrar sus aptitudes a través del cumplimento
de una serie de pruebas; una de ellas era llevar a cabo una
especie de "serenata" -cantos prolongados- durante
días enteros. Sólo después del cumplimiento de tales actividades
se consumaba el matrimonio.
Los individuos que terminaban su vida eran enterrados en pequeñas
fosas; pero esta costumbre podía ser modificada. En efecto,
en muchos casos -sobre todo tratándose de la lenta agonía
de los ancianos- no esperaban que el enfermo muriera: lo sepultaban
vivo y lo cubrían de tierra en esas condiciones.
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