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Estas costumbres, a medida que el contacto con el hombre blanco
-portador de la cultura occidental- fue aumentando en intensidad
desaparecieron paulatinamente. Prueba de ello son los grupos
indígenas que todavía hoy pueblan el Chaco y cuyas costumbres
no se diferencian del resto de los habitantes de la provincia.
Como toda comunidad tradicional, los grupos tobas estuvieron
capacitados -durante la época prehispánica y de la colonización-
para lograr un completo autoabastecimiento. En el orden alimenticio,
ya señalamos que los medios de subsistencia eran proporcionados
por la caza y la pesca, llevada a cabo esta última si la primera
agotaba las posibilidades de la región. En los restantes órdenes
de las actividades humanas, las industrias de este grupo de
naturales fueron limitadísimas, pues sólo cubrieron -pero
ello, con toda eficacia- las mínimas necesidades de supervivencia.
Ellos mismos fabricaron sus propias armas, utensilios domésticos,
vestidos y poquísima alfarería.
Los tobas pueden considerarse de acuerdo a lo señalado en
párrafos anteriores como la tribu más belicosa e indómita
del Chaco, pues en todas las épocas (hasta fines del siglo
XIX) mantuvieron en jaque a los blancos (ora españoles, ora
criollos ); aún entre ellos mismos eran frecuentes los choques
sangrientos. Ya en la época de la conquista así eran considerados
por los continuos ataques llevados contra las distintas poblaciones
de la región. En los primeros informes escritos por los exploradores
del siglo XVII son mencionados como los más audaces y guerreros.
El R. P. Tomassini menciona en una de sus obras que las poblaciones
tucumanas seguían atemorizadas las alternativas de matanzas
y robos causados por los tobas, "siendo ya una dolencia crónica
, puesto que
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