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La
ciudad de Resistencia se fundó en 1878 y, desde entonces,
el cambio y la movilidad han sido signos permanentes en su vida.
No obstante, la necesidad y el deseo de ir anclando raíces
se hace evidente y constante en cada uno de sus habitantes.
En
medio de esta suerte de contradicción, fueron apareciendo
sus primeros mojones urbanos, fragmentos de árboles centenarios,
esculturas de madera que dan testimonio de¡ paso de un patrimonio
natural a uno cultural.
Estos
fueron el preámbulo de nuevos hitos que culminarían
en el imaginario simbólico que habría de definir a
Resistencia como Ia ciudad de las esculturas".
Los
primeros monumentos urbanos (1920) fueron erigidos por la colectividad
italiana y tuvieron el carácter recordatorio de las gestas
inmigrantes. Su articulación con la historia local se concretó
recién a partir de 1945 con monumentos dedicados a próceres
argentinos, ubicados en las principales plazas de la ciudad.
A partir
de la formación de una nueva sede del Fogón de los
Arrieros, en 1954, se congregó un grupo de intelectuales
que transformó el lugar en un centro de exposición
y difusión artística.
En
1961, se lanza un Plan de Embellecimiento de Resistencia, que configuró
una nueva fase en la tarea de integrar el arte al espacio público.
Primaba, en cierta forma, la idea de crear una "Ciudad-Museo";
posible gracias al lenguaje superpuesto de las esculturas ya emplazadas
en la vía pública.
La
expansión de las obras significaba el cambio paulatino de
una valoración de tipo simbólico - histórico
a una de carácter artístico - cultural, en un proceso
que iba configurando a las esculturas como verdaderos referentes
urbanos, identificatorios de cada lugar.
La
Campaña fue continuada por COPROAR entre 1977 y 1991, y luego
por la Fundación Urunday, habiéndose logrado hasta
la fecha la colocación de más de trescientas treinta
(330) esculturas y formándose ya una propuesta de la imagen
de la ciudad. Esta imagen posibilitó jerarquizar el área
urbana, le confirió atractivo turístico y contribuyó
a definir un perfil singular que califica la "cultura"
de Resistencia.
La
notable tarea desarrollada desde entonces, dotó a la ciudad
de obras de artistas de la talla de Luis Perlotti, Gonzalo Leguizamón
Pondal, Lucio Fontana, José Fioravanti, Emilio Pettoruti,
Raúl Monsegur, Libero Badíl, Juan Carlos Labourdette,
Noemi Gerstein, Mimo Eidman, Tanya Preminger, Enio lommi, Ted Carrasco,
Mirko Basaldella, Fernando Arranz, Miguel Angel González
Salazar, Ferruccio Polacco, Serge Gangolf, Jaak Soans, Thomas Kühnapfel,
Mitko Dinev, Fabriciano y de tantos otros.
Las
primeras esculturas colocadas privilegiaron plazas, plazoletas y
espacios centrales de las avenidas principales, de acuerdo al Plan
de Embellecimiento de Resistencia. La Fundación Urunday buscó
descentralizar los emplazamientos a través de la apertura
de los mismos hacia los accesos a la ciudad, y de la creación
de espacios afines como El Parque de las Esculturas.
Resistencia
se muestra hoy así, como un gran museo al aire libre. Un
museo en el cual, por sobre la importancia de sus obras sorprende
el grado de conciencia, de respeto y de orgullo que ha merecido
en sus pobladores el haber recibido un patrimonio artístico
como el que exhiben.
Piedra
y mármol, cemento y hierro, madera y ensamblajes, ritmando
formas en avenidas y plazas, en parques y edificios. Todo un corpus
de temas y expresiones.
Esta
ejemplaridad de acción, que se da casi naturalmente, permite
que en esta ciudad y en el corazón de cada uno de sus habitantes,
el arte sea una expresión más de la convivencia. El
arte como mecanismo de perfeccionamiento y a la vez, sincrónicamente,
como medio de elevación espiritual y de alegría.
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